Crónica Euromind: ¿Existen los europeos?


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crónica evento · ¿Existen los europeos?

 
 

La historia profunda de los europeos


 


 
 

Vivimos tiempos difíciles para el proyecto europeo, con conflictos emergentes, desconfianza y un resurgir del nacionalismo. El tercer seminario ALDE de Euromind (Bruselas, 27 de septiembre) presentado por Teresa Giménez Barbat trata sobre los orígenes profundos de estos problemas: ¿Qué une a los europeos? ¿Tenemos los europeos una verdadera “identidad”? ¿Qué podemos hacer para reconstruir la casa europea?
 

Somos emigrantes
 

El primero en intervenir fue Juan Luis Arsuaga (1954), profesor de paleontología en la universidad complutense de Madrid, y desde 1991 codirector junto con José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell del equipo que investiga los depósitos del Pleistoceno en las montañas de Atapuerca (Burgos, España).
 

El paleontólogo español habló sobre evolución humana en el continente europeo. Desde esta profunda perspectiva antropológica Europa está lejos del verdadero centro de los orígenes humanos: somos únicamente un “apéndice geográfico” de Asia, desde nuestros más viejos ancestros de Atapuerca (España)
 

Los europeos compartimos una estructura genética de población mixta, compuesta por 4 grandes grupos: antiguos cazadores y recolectores, granjeros del mediterráneo oriental, pueblos pastorales de las estepas rusas y ucranianas, y finalmente gentes del norte de África. La única especie indígena producida nunca en Europa son los neandertales. De hecho, los sapiens modernos no reemplazaron del todo a los neandertales: nosotros los “modernos” sapiens sapiens conservamos al menos un 2% de genes neandertales.
 

Juan Luis Arsuaga dejó un mensaje claro al final de su charla: las ideas “supremacistas” no tienen base científica, todos pertenecemos a una única especie que comparte una historia común, incluyendo a los modernos europeos.
 

Elogio del individuo
 

Roberto Colom, catedrático de psicología diferencial en la universidad autónoma de Madrid, se aproximó al problema de la identidad europea desde el estudio de las diferencias humanas individuales.
 

Miembro del consejo asesor de Euromind, Colom destacó que la política debe estar basada en evidencias y reivindicó la libertad de los científicos para estudiar la realidad: “Decir lo que sabemos, no lo que se quiere oir”. Los casos de Alice Dreger o Thilo Sarrazin, represaliados por sostener ideas consideradas “heterodoxas”, recuerdan que la libertad académica es esencial en el proceso democrático, y que debe reservarse un espacio a los que disienten, siempre que no se persigan valores inhumanos o contrarios a las libertades individuales.
 

Colom subrayó en su charla la individualidad humana como eje de todas las identidades. Incluso desde el punto de vista genético no hay dos “conectomas” iguales: cada individuo es único, y como también recuerda Steven Pinker, toda cultura colectiva sólo puede proceder de la mente individual asentada en el cerebro.
 

El problema es que estas mentes no son “pizarras en blanco”, lo cual complica el trabajo transformador del político.
 

Para conseguir que “Europa” se incorpore al conjunto profundo de las identidades individuales, Colom propone discutir los estereotipos nacionales y las creencias irracionales sobre la superioridad o inferioridad de los grupos. De hecho, propone estudiar científicamente las diferencias nacionales: “Vale la pena. Cualquier comparación grupal revelará muchas más semejanzas que diferencias entre grupos”.
 

Europa debe ser una suma de identidades que cristalizan a nivel del individuo. Ser europeo sin dejar de ser un español, un francés o un alemán, pero sobre todo, sin dejar de ser un individuo único.
 

Contra el neonacionalismo
 

A continuación, el catedrático de derecho Francisco Sosa Wagner cimentó su exposición en una crítica a la idea de “identidad” de la que se nutren los nacionalismos. Para el ex eurodiputado es necesario distinguir entre los nacionalismos “tradicionales”, originados en el siglo XIX, que enarbolaron banderas de libertad y progreso y los “neonacionalismos” actuales, que se asientan en identidades tribales y reaccionarias, como los llamados “derechos históricos” o reservados.
 

Sosa Wagner propuso tres grandes “materiales” para construir la identidad europea.
 

Por una parte, los valores “juridificados” en textos fundamentales, como la Carta de Derechos Fundamentales de Niza (2000), que sigue siendo nuestra referencia.
 

En segundo lugar, las referencias culturales comunes europeas. Genios creativos como Mozart, Verdi, Rubens o Moliere, que influyen a través de todas las nacionalidades.
 

Y por último, aquellos “materiales” que tienen que ver con los intereses comunes de los europeos: cosas como la calidad de vida, el mercado único, o la disciplina bancaria en la que podemos ponernos de acuerdo.
 

Europa no es una nación “ni falta que hace”. No necesitamos, para Sosa Wagner, esa “pasión colectiva” que mueve a los nacionalistas. La épica grandiosa y heroica del pasado se sustituye por una “ética” más suave, visible en el conjunto de documentos y disposiciones aprobados por las instituciones europeas que se orientan a lograr una ciudadanía común.
 

Elegir ser europeo
 

Nigel Warburton, filósofo, podcaster y escritor de éxito británico, se encargó de cerrar el seminario con una reflexión más especulativa sobre la identidad europea.
 

Todos tenemos diferentes identidades, pero no siempre hay que elegir. La elección individual cuenta: uno puede sentirse “ciudadano del cosmos” sin tener el beneplácito de un marco legislativo.
 

Para entender cómo se entrelazan las identidades Warburton recuerda al filósofo del siglo II Hierocles, que imaginó diferentes círculos capaces de englobar diferentes lealtades: desde el pequeño círculo de la familia y los amigos, a los círculos mayores del estado y la humanidad, y hasta el círculo superior que, en último término, englobaría a todo lo existente.
 

Siguiendo a Erving Goffman, es posible sugerir algo así como una aproximación “dramaturga” a la interacción humana: todos somos actores, actuamos como uno u otro personaje, si bien hay límites: uno no se puede identificar con una roca de granito.
 

¿Cómo construir la identidad europea? Para Warburton, la UE no agota qué significa ser europeo, y subraya diferentes rasgos de civilización común que engloba a todos los europeos: desde la pasión por la educación, a la libertad de expresión y credo, pasando por la democracia representativa.
 

No estamos “arrojados” al mundo, como sugirieron los existencialistas, en un entorno sin valores preexistentes. Estos valores nos preceden, están ahí, y nos corresponde elegir entre ellos. Ser europeo es no escoger la xenofobia o el fascismo. Warburton nunca se ha sentido más europeo que tras el Brexit: en este sentido, elige seguir siéndolo.

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